Nueva eclosión de ébola: así la enfrenta Uganda

Salud 13 de octubre de 2022 Por Bruno Maximiliano
El brote, declarado el pasado 20 de septiembre, fue causado por la cepa Sudán del virus, que no tiene vacuna ni tratamiento farmacológico aprobado. Las autoridades sanitarias se apresuran a contenerlo, con la ayuda de organizaciones como Médicos Sin Fronteras.
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Nueva eclosión de ébola: así la enfrenta Uganda

En España, el ébola nos queda ya muy lejano. Por el contrario, 17 personas han muerto en el brote de esta enfermedad declarado el pasado 20 de septiembre en Uganda, mientras las autoridades sanitarias, que ya han confirmado 48 infecciones hasta este lunes, se apresuran a contenerlo. Un brote causado por una cepa, la de Sudán, para la que no existe una vacuna ni un tratamiento farmacológico aprobados.

Peter Piot, uno de los científicos que descubrió el virus del ébola en 1976 y ha dedicado su vida profesional a combatir enfermedades infecciosas, afirma: “Todos los brotes de ébola deben tomarse en serio, ya que son altamente letales, pueden propagarse rápidamente en la comunidad, paralizar el sistema sanitario, matar a los trabajadores de la salud y, si están fuera de control, inmovilizar un país. También, existe un alto riesgo de propagación entre Uganda y la vecina RDC”.

El ébola es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una enfermedad altamente contagiosa que se transmite a través del contacto con personas o animales enfermos o muertos, provocando fiebre, fatiga, diarrea y hemorragias internas y externas. “Recordemos la epidemia de África occidental de 2014-16 causada por la cepa Zaire”, asevera Piot. Fue la más letal, con más de 11.300 muertos, seguida de la de 2018 en la República Democrática del Congo, con más de 2.280. Esta vez, el brote ha sido causado por la cepa Sudán. “Es genética y antigénicamente un virus distinto, pero se transmite de la misma manera que la cepa Zaire y causa manifestaciones de enfermedad similares, aunque posiblemente con una tasa de mortalidad ligeramente más baja, todavía alrededor del 50%”, desarrolla el científico.

El problema es que no existe ni vacuna ni tratamiento farmacológico aprobado contra esta. “Pero la vacuna nórdica J&J/Bavarian Nordic contiene antígeno del ebolavirus Sudan (SUDV) en la segunda inyección y puede proteger, aunque esto no se ha probado en los ensayos. Además, esta segunda inyección se aplica 56 días después de la primera, y, por tanto, es menos útil para el control de epidemias. Sin embargo, debería ser muy útil para proteger a los trabajadores de la salud y otros trabajadores de primera línea”, asegura Piot. El Gobierno de Uganda ha confirmado este miércoles la muerte de una cuarta trabajadora sanitaria, oficial anestesista, a causa del brote.

En opinión de Piot, el camino a seguir es el siguiente: “Primero, una combinación de ofrecer un tratamiento digno y seguro (y probar las terapias antivirales disponibles) a todos los pacientes sospechosos, mientras se protege eficazmente a los trabajadores de la salud de infectarse. Segundo, la prevención: rastreo de contactos, pruebas, aislamiento y cuarentena, movilización y conciencia comunitaria. Tercero, la investigación, es decir, evaluar terapias y vacunas”.

La comunidad internacional, dice, tiene también un papel importante que jugar. “Debería proporcionar dinero, equipos de protección y comunicación, herramientas y productos de tratamiento de apoyo, terapias y vacunas para la investigación, conocimientos técnicos, inversión en capacidad e instituciones locales, diagnósticos y equipos, y estar alerta a los viajeros de Uganda, sin cerrar las fronteras”, enlista.

Jose Muñoz, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y jefe del servicio de salud internacional del Hospital Clínic, corrobora: “Hay que dedicarle tiempo y cabeza a la vigilancia y a la contención. Es muy difícil saber si el brote se va a quedar en un brotecito, o si nos va a dar un susto. Da igual, la actitud tiene que ser la misma”. Y recuerda: “Esto es un ejemplo más de que estas cosas van a seguir ocurriendo. No sabemos qué va a pasar, pero lo que hace falta es lo de siempre: un mecanismo internacional, bien coordinado y bien liderado, preparado frente a futuras enfermedades emergentes”.

Hasta ahora, además de presionar para comenzar a vacunar, el gobierno ugandés ha establecido estrategias para el seguimiento de contactos, el fortalecimiento de la participación de la comunidad y la gestión de casos, y ha iniciado múltiples campañas de divulgación para educar a la población. También está trabajando con los países vecinos, incluidos Ruanda y Kenia, para intensificar la vigilancia en las fronteras terrestres y en los aeropuertos. Sin embargo, ha descartado emitir órdenes de quedarse en casa o toques de queda, o restringir el movimiento en escuelas, mercados o lugares de culto. En un discurso televisado la semana pasada, el presidente del país, Yoweri Museveni, dijo: “No hay necesidad de ansiedad, pánico, restricción de movimientos o cierre innecesario de lugares públicos”. Además, añadió que su nación tenía la capacidad de controlar el virus.

Una cuarentena de camas para tratar de detener el brote

En el terreno, Médicos Sin Fronteras (MSF) está trabajando codo con codo con las autoridades sanitarias para intentar frenar la epidemia. La organización instaló, la semana pasada, una unidad de tratamiento de ébola con 45 camas para casos sospechosos en el hospital de Mubende, este lunes ha comenzado a construir una adicional de 40 camas, que podría estar lista, según un portavoz, en siete días. Además, MSF ha establecido otra unidad, de cuatro a ocho camas, en la localidad de Madudu, 25 kilómetros más al norte y epicentro del brote, para el enfoque descentralizado.

“Lo más importante”, desarrolla Denis K. Mbae, coordinador de proyecto, “es la participación vigorosa de la comunidad en el control y la prevención, y la promoción de la seguridad en la manipulación de alimentos, el lavado de manos y la política de no tocar”. Además, continúa, “se debe transmitir información precisa sobre el ébola para evitar rumores”. Estas unidades han sido implementadas por MSF y serán administradas por el Ministerio de Salud con el apoyo de los equipos de la organización. Mbae asegura que este es el segundo brote más grande de Uganda, detrás del que terminó en enero de 2001, con 425 casos y 224 muertes. “Es difícil saber si son suficientes camas, ya que la epidemia es impredecible”, valora.

Por su parte, MSF propone una serie de medidas más que podrían ayudar a contener la enfermedad. Entre ellas: tener capacidad para la recogida de muestras y para llevar a cabo análisis en laboratorios; informar en todo momento a la población y conservar su aceptación; proporcionar ayuda a los enfermos y a sus familiares para que puedan acceder a la asistencia sanitaria; disponer de medidas de prevención y control de la infección para evitar la contaminación dentro de los centros sanitarios; sensibilizar al personal de la salud sobre el ébola y las vías de contaminación; y, reforzar el apoyo a la atención médica no relacionada con la enfermedad. “Para que estos factores sean efectivos y rápidos se requiere un alto nivel de coordinación entre todos los actores”, termina Mbae.

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